El Lissitzky – Cuento suprematista sobre dos cuadrados en seis construcciones

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El Cuento suprematista sobre dos cuadrados en 6 construcciones, es una obra que El Lissitzky elaboró en 1920 en Moscú, con la intención de que fuera un cuento infantil. En 1922 será publicado en Berlín, por Skythen, durante su estancia como agregado cultural en la embajada. Influido por su maestro Malevich, influirá a su vez en la escuela de la Bauhaus, y junto a Rodschenko o Tatlin se convertirá en una de las figuras más reconocidas de la vanguardia soviética.

La Revolución de Octubre marca, por primera vez en la historia de la humanidad, la posibilidad de transformar radicalmente todos los aspectos de la sociedad, incluyendo la personalidad y las formas de vida. El reto era educar a nuevos seres humanos, que fueran capaces de dar fin a la explotación y opresión de la sociedad de clases, y que pudieran mantenerse en guardia ante las embestidas del viejo mundo. El cuento comienza con un llamamiento a «todos, todos los niños» a romper con la visión contemplativa de la educación, a no leer sino a agarrar varillas, pinceles, etc y crear, construir. El aspecto práctico es imprescindible para un pequeño revolucionario. Después, El Lissitzky nos va presentando la historia de dos cuadrados, uno negro y otro rojo – recordemos que está construyendo el cuento en los últimos compases de la guerra civil rusa, donde el nuevo poder bolchevique era tan precario como preciado – dos cuadrados que llegan desde lejos a la tierra (la influencia del cosmismo aquí es muy clara), ven la agitada negrura de siglos y siglos de dominación, explotación y sufrimiento; y comienzan una lucha encarnizada. Existe un golpe insurreccional de caos, en el que todo se dispersa, pero eso no es suficiente: el cuadrado rojo, para vencer en la guerra de clases, debe construirse sobre lo negro, debe crecer en el seno de lo viejo. Finalmente el cuadrado negro huye derrotado, pero la victoria del rojo no es eterna: siempre debe estar en guardia, siendo consciente de que lo viejo puede renacer. Las y los revolucionarios del futuro deben saber que el fin de la guerra civil no es el final, sino el comienzo del proceso revolucionario.

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El Cuento suprematista sobre dos cuadrados en 6 construcciones, es una obra que El Lissitzky elaboró en 1920 en Moscú, con la intención de que fuera un cuento infantil. En 1922 será publicado en Berlín, por Skythen, durante su estancia como agregado cultural en la embajada. Influido por su maestro Malevich, influirá a su vez en la escuela de la Bauhaus, y junto a Rodschenko o Tatlin se convertirá en una de las figuras más reconocidas de la vanguardia soviética.

La Revolución de Octubre marca, por primera vez en la historia de la humanidad, la posibilidad de transformar radicalmente todos los aspectos de la sociedad, incluyendo la personalidad y las formas de vida. El reto era educar a nuevos seres humanos, que fueran capaces de dar fin a la explotación y opresión de la sociedad de clases, y que pudieran mantenerse en guardia ante las embestidas del viejo mundo. El cuento comienza con un llamamiento a «todos, todos los niños» a romper con la visión contemplativa de la educación, a no leer sino a agarrar varillas, pinceles, etc y crear, construir. El aspecto práctico es imprescindible para un pequeño revolucionario. Después, El Lissitzky nos va presentando la historia de dos cuadrados, uno negro y otro rojo – recordemos que está construyendo el cuento en los últimos compases de la guerra civil rusa, donde el nuevo poder bolchevique era tan precario como preciado – dos cuadrados que llegan desde lejos a la tierra (la influencia del cosmismo aquí es muy clara), ven la agitada negrura de siglos y siglos de dominación, explotación y sufrimiento; y comienzan una lucha encarnizada. Existe un golpe insurreccional de caos, en el que todo se dispersa, pero eso no es suficiente: el cuadrado rojo, para vencer en la guerra de clases, debe construirse sobre lo negro, debe crecer en el seno de lo viejo. Finalmente el cuadrado negro huye derrotado, pero la victoria del rojo no es eterna: siempre debe estar en guardia, siendo consciente de que lo viejo puede renacer. Las y los revolucionarios del futuro deben saber que el fin de la guerra civil no es el final, sino el comienzo del proceso revolucionario.